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El espíritu de Elsa Schaparelli en la Casa Blanca

01.06.2022

La no recién estrenada primera dama de Estados Unidos, Jill Biden, ha decidido cambiar su imagen sencilla con efecto de "sin llamar la atención" y evitar eclipsar a su marido, Joe Biden. Aunque he de decir, que el Presidente de Estados Unidos, lleva unos trajes impecablemente cortados, unas camisas con el cuello bien almidonado, y la elección de sus corbatas las elige perfectamente combinadas con el color del traje y la camisa. Da la impresión que lleva los trajes hechos a medida, por un sastre. Parece ser que le gustan los trajes enteros de la firma Armani. En su toma de posesión llevaba un traje de esta firma tan reconocida. Ya se le ha visto en alguna ocasión con los trajes de este diseñador.  

Volvamos a la primera dama, Jill Biden. Tiene que entender que ya no es solo la mujer del presidente de Estados Unidos, se puede decir, que a partir de el momento en que su marido ha sido el elegido en las elecciones, a ella automáticamente la han designado un cargo, porque en realidad es el cargo el ser la primera dama. Todo cambia en su vida, desde su casa, de tratamiento, y de indumentaria. Se le exige que este a la altura del cargo que le ha sido asignado por matrimonio. Ha dejado de representarse a si misma, representa a la primera dama de Estados Unidos de América, la primera potencia mundial. Tiene una economía muy saneada para invertir en la imagen de la primera dama con los presupuestos del Gobierno, dado que se considera como una partida de gastos de representación. 

No todas las mujeres pueden permitirse el lujo de ir vestidas de alta costura, pero aquellas potencias mundiales que se lo pueden permitir lo deben potenciar para dar una imagen de respeto y poder.

Una mujer no da la misma imagen con un vestido de corte fast-fashion que con un vestido de alta costura con lo que le caracteriza como es la calidad del tejido, el corte, y la confección que los hace únicos, como es el cargo de ostentar ser la primera dama de un país a la que todo el mundo escruta.

Su estreno con la alta costura por parte de la primera dama de Estados Unidos, ha sido la elección de la firma de Elsa Schiaparelli, una de las mejores diseñadoras que han hecho historia con su propia creatividad. Fue una mujer esforzada, con talento, y que no sabía coser. Llamaba a las puertas de los grandes diseñadores del momento y la rechazaban.

Gracias a su talento hizo realidad su sueño de ser una gran diseñadora de Haute Couture. Gran amiga intima de un gran genio de origen español,  como Salvador Dalí. Compartían el mismo entusiasmo por el arte. Es más, Salvador Dalí, le ayudo a crear el vestido de la langosta, que tan famosa la hizo.

Me alegro mucho de esta acertada elección, dirigida por su recién estrenado director creativo, Daniel Rosberry, nacido en Texas. Ha declarado que esta encantado de trabajar para una firma francesa de alta costura en París. El espíritu de Elsa Schaparelli ha entrado en la Casa Blanca.  

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